miércoles, 26 de agosto de 2020

SOCIEDAD REBELDE Y DICTADURA INDIVIDUAL



Fabian Vinces Salazar

Perder un hijo es un dolor tan grande que no tiene nombre. Independientemente de las causas, ese aciago trance ensombrece la vida de quienes lo atraviesan. El orden natural de las cosas sería que los hijos entierren a los padres. Sin embargo, la vida a veces tuerce ese orden natural. Peor aún: las más de las veces, los humanos torcemos ese cauce normal con nuestros actos insensatos. Lo ocurrido la noche del sábado 22 de agosto en una discoteca del distrito limeño de Los Olivos es una clara muestra de ello.

Mitos urbanos

La mitología griega reúne una amplia muestra de las tragedias de la humanidad. Y todas tienen algo en común: los hombres desafían a los dioses, fantaseándose tan omnipotentes como aquellos. Ícaro es un claro ejemplo de esto.

En el mito, Dédalo e Ícaro, buscan la libertad. Padre e hijo han sido atrapados en la isla de Creta, en un laberinto construido por ellos mismos a pedido del rey Minos. Su patrón y captor paga, a su vez, una penitencia por incumplir la palabra empeñada a Poseidón, dios del mar.

Para lograr la ansiada libertad, Dédalo construye unas alas con plumas y cera de abejas; con ellas, él y su hijo emprenden vuelo. Antes de partir, el joven es advertido: “no volarás muy bajo, pues el mar mojará tus alas y no podrás retomar altura; tampoco volarás muy alto, pues el calor del sol derretirá las alas”. Impetuoso e insensato, Ícaro desoyó la instrucción paterna y -derretidas sus alas- halló la muerte en estrepitosa caída contra una isla cercana.

Tal como el mito de Ícaro, la tragedia de aquella discoteca donde fallecieron 13 personas constituye una oportunidad para reflexionar acerca de lo que representa la norma.

Recientemente, el psicólogo social Jorge Yamamoto resumió la dinámica psicosocial peruana en estos términos: “somos una sociedad en un período de adolescencia rebelde”. Esta definición ayudaría a comprender por qué constantemente los límites son cuestionados o trasgredidos.

La trasgresión se expresa de múltiples maneras. Desde la evasión tributaria de las empresas (sean pequeñas o grandes) hasta el acto de pasarse la luz roja del semáforo (como conductor o peatón), todo implica una suerte de autogol que nos impide avanzar como sociedad.

Ese autosabotaje a nivel macrosocial es lo que nos ha llevado a la cultura de la informalidad, a la precariedad laboral y a esa recurrente costumbre de optar por el mal menor en cada elección. A decir de Yamamoto, todo esto opaca lo bueno que también forma parte de nuestra impronta nacional: la solidaridad, la creatividad y la resiliencia. Lamentablemente, frente a las crisis o tragedias aflora otra vez nuestra inmadurez como sociedad y buscamos culpables en vez de generar aprendizajes.

La (falaz) libertad individual

Como los adolescentes rebeldes, gran parte de la sociedad peruana evidencia una relación conflictuada con la figura de autoridad: demanda de ella satisfacción de sus necesidades, pero a la vez la confronta y la rechaza.

Se exigen más camas UCI, pero se sigue participando de reuniones sociales o familiares. En lo ocurrido en la discoteca de Los Olivos, se acusa autoritarismo en la policía o el presidente, pero muchos incurren en la dictadura individual de hacer “lo que venga en gana”. Todos son culpables, excepto quienes infringieron la norma al estar en dicho local. Disociar responsabilidad y libertad es un artilugio de quienes hacen de las circunstancias una excusa para negar las fallas propias.

Como a los adolescentes, nos toca aprender a aceptar la realidad y renunciar a esa omnipotencia trasgresora que nos orilla a una repetición de tragedias y dolor. Como a los padres, corresponde a las autoridades reconocer los errores y enmendar la plana; esto es, reformular el modo de afrontar el impacto de la pandemia a nivel sanitario, económico y psicosocial. La estrategia no puede ser la represión sino la concientización de la población. Hoy más que nunca toca fortalecer el trabajo psicológico comunitario, tal como propuso el presidente en su último mensaje por fiestas patrias.

Independientemente de las acciones de las autoridades, debemos asumir el cambio como una responsabilidad que parte de lo individual y trasciende en la dinámica social. De no hacerlo, vendrán nuevas tragedias a engrosar la lista que hoy suma estas trece muertes a aquellas que tuvieron lugar en otros tiempos y otros escenarios, pero siempre con la trasgresión como argumento. Si no nos hacemos cargo de transformar la historia, el desarrollo social que anhelamos seguirá siendo una frustrante ilusión y los padres seguirán llorando a sus hijos como resultado de una tanática compulsión a la repetición.


Sobre el autor
-  Psicólogo clínico y terapeuta psicoanalítico con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional.
-  Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos de trabajo.


martes, 28 de julio de 2020

PERÚ, NOS ADHERIMOS TODOS




Fabian Vinces Salazar / Diana Mestanza Rodríguez

Hoy celebramos un aniversario patrio atípico. A un año del bicentenario de la independencia, toca cuestionarnos si realmente somos libres. Esta pregunta nos interpela en lo individual y en lo social.

La libertad individual es un ideal en el que todos parecen coincidir. Un ser libre encuentra su lugar en el mundo, se adhiere a él sin ceder en su voluntad y su deseo.

Todos queremos estar bien. Lamentablemente, no siempre podemos lograrlo. La realidad nos golpea, y no tanto desde la frustración, que -al fin y al cabo- es parte esencial de la vida misma. La realidad nos golpea desde la indignación, cuando sentimos que es poco lo que hemos aprendido como sociedad en las últimas décadas.

Las políticas estatales se orientan a sostener tres grandes ejes: salud, educación y trabajo, toda vez que estructuran la base para el desarrollo individual y social. Una economía sana debería expresarse en indicadores favorables en las tres variables referidas. No es el caso del Perú.

Con frecuencia nos percibimos como un país de emprendedores cuya inventiva siempre parece ganarle a la carencia. En lo macroeconómico, aún persistimos en el espejismo del “milagro peruano”. No obstante, aún estamos lejos de ser una sociedad con adecuados estándares de calidad de vida.

La reactivación económica se va dando en prácticamente todos los sectores. Salvo el caso de Cajamarca, Arequipa y Cuzco, las ciudades poco a poco van retomando su actividad habitual. Sin embargo, apenas empezamos a tomar conciencia de los impactos del aislamiento social obligatorio impuesto durante más de 100 días, sobre todo en dos aspectos usualmente desatendidos en la reflexión sobre nuestra realidad nacional: salud mental y pobreza, las caras deslucidas de una misma moneda. A continuación, presentamos un análisis respecto a la relación entre ambas.

El Perú en cifras

La pobreza, entendida como la imposibilidad de satisfacer las necesidades básicas, conlleva a la desaparición de la calidad de vida. Revisemos algunos datos sobre la pobreza en el país.

Según datos provistas por el INEI en 2019, entre las regiones con mayor cantidad de población en condición de pobreza monetaria se encuentran Ayacucho, Cajamarca, Huancavelica y Puno.

Dado que hasta 2018 Cajamarca recibió más de 5 mil millones de soles por concepto de canon minero, resulta evidente que, para disminuir los índices de pobreza, es más importante la gestión que la obtención de recursos.

Además de las falencias en la gestión pública, hallamos que la corrupción (superlativa en las últimas cuatro décadas) atrofió la capacidad estatal para generar riqueza y distribuirla.

Lamentablemente, la corrupción en el Perú tiene un aspecto histórico y otro sistemático, por lo que llega a ser considerada “normal” para el peruano común. Así, encontramos que el 75% de la población se muestra indiferente ante ella y esto hace que sea un problema muy difícil de combatir.

A decir de autores como Alfonso Quiroz y José Matos Mar, la ineficiente gestión pública y la corrupción asociada son la causa de las severas crisis económicas y sociales que generaron una cultural de la informalidad fuertemente arraigada.

Esto nos lleva a hablar de la situación del empleo, pues este es un factor relevante al analizar la pobreza. Según datos del Instituto Peruano de Economía, 9 de cada 10 peruanos en condición de pobreza tiene un empleo informal. Para muchos compatriotas, subsistir se vuelve una complicada tarea que se basa en ingresos diarios. En estas condiciones, el acceso a bienes y servicios es más que limitado.

Como resultado, la noción de inclusión resulta severamente afectada y, con ella, la posibilidad de constituirse psíquicamente de manera favorable. La pobreza implica precariedad a todo nivel, y esta genera una permanente sensación de amenaza que desgasta al aparato psíquico.

Ser o no ser. Tener o no tener

Hablemos de salud mental. Esta es descrita por la OMS como el estado completo de bienestar, que no sólo incluye la ausencia de enfermedades o afecciones. De allí la importancia de desarrollar políticas que engloben acciones de promoción, prevención, diagnóstico y tratamiento de las diferentes afectaciones mentales de las personas.

La salud, tanto física como mental, supone un favorable desarrollo de la persona. En este proceso se integran componentes biológicos, psicológicos y sociales. La realización plena del individuo supone el ejercicio responsable de acciones que aseguren la satisfacción de necesidades básicas del mismo modo que permita lograr metas superiores como calidad de vida.

Esta última variable, asociada a la noción de bienestar, es donde se observa mayor incidencia (generalmente negativa) de los aspectos sociales en el proceso de subjetivación. Por ello, es importante prestar atención al contexto social, pues este influye significativamente en el desarrollo de la subjetividad.

Salud psicológica y calidad de vida son dos variables que se condicionan mutuamente. Por ello, constituir subjetividad resulta sumamente difícil en un contexto de pobreza, pues la seguridad que confiere el acceder a bienes y servicios resulta menoscabada o nula.

Cambiar este escenario requiere una gestión pública que atienda la productividad, fomente el empleo, y facilite el acceso a educación y salud de calidad. Lograrlo se torna una tarea sumamente complicada debido a que para la atención en salud mental solo se destina el 0,1% del presupuesto estatal. Este bajísimo porcentaje es a la vez causa y efecto de una crisis social traducida en escasas atenciones, pocos profesionales dedicados al trabajo comunitario, estigmatización de las enfermedades mentales, escasas acciones de promoción y prevención, entre otras contingencias.

Libre asociación

Hoy enfrentamos tiempos duros. Superarlos requiere un esfuerzo tanto individual como colectivo. Corresponde al Estado asumir un mayor compromiso con la educación y la salud. Asimismo, debe asegurar que la economía albergue a todos en la formalidad laboral.

Por nuestra parte, en pleno ejercicio de nuestra libertad civil, podemos sumarnos o negarnos al llamado para aportar al país. Cualquiera sea nuestra decisión, debemos asumir la responsabilidad por ella.

No obstante, esta convocatoria adquiere carácter imperativo para quienes somos profesionales de la salud mental. Es nuestro deber enfatizar la importancia de atender la salud psicológica de nuestra nación, poniendo particular atención a quienes menos recursos tienen.

Libres del afán demagógico de las clases políticas, quienes realmente apostamos por un Perú pleno nos comprometemos a hacer del día a día una oportunidad para transformar la historia. Entonces, solo entonces, podremos decir a plenitud: Somos libres, seámoslo siempre.


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[1] Referencia al poema “Telúrica y magnética” de César Vallejo


Sobre los autores

Fabian Vinces Salazar
Psicólogo clínico y psicoterapeuta psicoanalítico. Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos d etrabajo

Diana Mestanza Rodríguez
Licenciada en Psicología con especialización en promoción del alto rendimiento deportivo.

viernes, 24 de julio de 2020

HISTORIAS PARA CAMBIAR LA HISTORIA




Fabian Vinces Salazar

En una de sus primeras declaraciones como ministra de Salud, Pilar Mazzetti confirmó lo que hace ya algún tiempo resultaba evidente: existe un subregistro en las estadísticas de contagios y muertes por Covid-19. El equipo multidisciplinario a cargo de la revisión de estas cifras estima que han fallecido 17 455 personas. No obstante, los datos reales recién se lograrían un año después de superada la crisis sanitaria.

Cuando 17 455 deja de ser un número y se convierte en un collage de rostros, el dolor empieza a apretar. Lamentamos cada una de las pérdidas y abrazamos a todos los peruanos que enfrentan el complicado proceso de duelo que trae consigo esta pandemia.

Hay, hermanos, muchísimo que hacer

En el poema “Los nueve monstruos”, César Vallejo nos recuerda que el dolor causado por la muerte nos devuelve a la condición de “hombres humanos” y nos arranca de esa ilusión omnipotente de emular la divinidad, típico pecado que -en la mitología griega- desata la furia de los dioses y da origen a todas las tragedias del hombre.

Hoy la tragedia se traduce en hospitales colapsados y jugarretas políticas en medio de la crisis. Hoy el dolor se personifica en dos peruanos que han dado que hablar.

Víctima de Covid-19, murió Mario Romero Pérez, conocido como “el ángel del oxígeno de San Juan de Miraflores” por respetar el precio regular del oxígeno, a pesar de la alta demanda. Quizás le toque batir sus alas junto al “ángel de la bicicleta” para que soplen buenos aires en nuestro país y en Latinoamérica donde, a excepción de Uruguay, el nuevo coronavirus va dejando severos estragos.

En una carpa implementada en las afueras del hospital Honorio Delgado de Arequipa murió Adolfo Mamani Tacuri. Días antes, vimos las imágenes de su esposa corriendo detrás del vehículo que trasladaba al presidente Martín Vizcarra en su visita a la Ciudad Blanca. A decir de muchos, la imagen desconsolada de Celia Capira es el ícono de una nación desatendida por sus autoridades.

¿Qué nos dicen las historias de estos compatriotas? La respuesta se resume en un verso del poeta universal: “hay, hermanos, muchísimo que hacer”.

Figurita repetida

Mario Romero nos enseñó que las decisiones individuales tienen un impacto importante sobre la realidad que vivimos. Pensemos, entonces, qué podemos hacer para salir de la tonalidad grisácea que muchas veces opaca nuestras posibilidades de crecer como sociedad. Todos podemos ser héroes sin capa o ángeles sin alas, pero -sobre todo- podemos (y debemos) ser ciudadanos comprometidos. Esta pandemia nos enseña que aquello de sumar cada quien un granito de arena no puede ser más una alegoría.

Por otra parte, la impotencia de Celia Capira por no llegar al presidente nos pone de cara a una dura realidad: seguimos siendo un país presidencialista. Encontramos, pues, que el Perú ha sido gobernado por caudillos de los más diversos colores políticos.

La larga historia inicia en 1963 con Fernando Belaúnde, quien fue elegido en unos turbulentos comicios en los que participaron también Manuel Odría y Víctor Raúl Haya de la Torre. Esta nómina de candidatos muestra una tendencia que se extiende hasta la elección más reciente: el líder se impone sobre los partidos.

En 1968 la democracia se interrumpió con el golpe militar encabezado por Juan Velasco Alvarado, figura que aún hoy convoca simpatizantes. Le sucedió Francisco Morales Bermúdez, quien -al proclamarse presidente de la Junta Militar en el llamado “Tacnazo” de 1975- contradecía su premisa de “eliminar los personalismos” en el poder.

Ya en 1980, el carisma de Belaúnde se impuso nuevamente sobre la retórica del fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Cinco años después, Alan García, discípulo predilecto de Haya de la Torre, fue electo presidente como encarnación de la proclama de González Prada: “los jóvenes al poder y los viejos a la tumba”.

En su condición de outsider, Alberto Fujimori capitalizó las ansias de salvación de una nación traumatizada por la hiperinflación y la amenaza de un “paquetazo neoliberal” achacado al futuro Premio Nóbel, Mario Vargas Llosa. Alejandro Toledo y Ollanta Humala apelaron al discurso de la reivindicación del “cholo cobrizo”. A ambos les favoreció, también, la lógica de apostar por el “mal menor”. Con esa misma estrategia llegaron a Palacio de Gobierno Alan García y Pedro Pablo Kuczynski en 2006 y 2016, respectivamente.

Como bien sabemos, Martín Vizcarra asumió la presidencia del Perú luego de la renuncia de Kuczynski en marzo de 2018. Su gestión nos deja un aprendizaje valioso: los gobernantes no deben hacer lo mejor que puedan, sino que tienen la obligación de hacer lo mejor, sin atenuantes.

Lamentablemente, la realidad es otra. Así, el balance de estos 57 años resulta ser el siguiente: muchos nombres, pocas acciones. Diferentes personajes, mismo desenlace: un país con demasiados pendientes, gobierno tras gobierno.

Ahora bien, estamos en un punto clave de la historia. Convocadas ya las elecciones generales para abril de 2021, es momento de asumir el compromiso de consolidar una democracia real y renunciar al caudillismo que tanto daño nos ha hecho.

Aquí y ahora

Contar con representantes y autoridades capaces depende de una gran sinergia, en la cual la sociedad civil tiene la responsabilidad de elegir con base en un análisis riguroso. Por su parte, a los políticos les corresponde reconocer al país como un fin y no como un medio. Quizás ha llegado la hora de refundar la política, asumiendo un rol más activo desde lo individual.

Ya en otra tribuna me referí a la importancia de empoderar a la ciudadanía para advenir como una nación realmente soberana, libre del flagelo de la corrupción recurrente en las últimas décadas.

Recientemente la presión ciudadana llevó a los congresistas a cambiar su posición frente a la eliminación de la inmunidad parlamentaria. Lamentablemente, la posibilidad de hacer historia les quedó muy grande y se refugiaron en rancias argucias.

Nosotros, los ciudadanos, no rechacemos la oportunidad de enmendar el rumbo de la historia. Mientras esperamos las elecciones generales del próximo año, aquí y ahora, toca seguir cuidándonos. Seamos responsables; no nos convirtamos en un dígito más en el saldo mortal de esta pandemia.

Comprometidos con nuestro país, corresponde también asumir nuestro rol fiscalizador desde todos los espacios posibles. La democracia así nos lo demanda para que el 2021 nos halle realmente libres de taras políticas y así celebrar nuestra independencia en toda ley.



Sobre el autor
-  Psicólogo clínico y terapeuta psicoanalítico con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional.
-  Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos de trabajo.


jueves, 25 de junio de 2020

ALGUNAS REFLEXIONES ENTRE VERSOS Y ACORDES



Fabián Vinces Salazar

Han pasado más de 100 días desde que todo el país entró en cuarentena. Los medios de comunicación y las redes sociales diariamente han registrado lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo de este período. Una de las postales más recientes mostraba las largas filas de personas que se formaron el día que volvieron a funcionar los centros comerciales.

Peligros de la vida posmoderna

Esta noticia trajo a mi mente la canción “Mario Neta” del grupo uruguayo Cuarteto de Nos. ¿La razón? El tema resume en una línea ese afán consumista tan propio de los tiempos posmodernos que corren: “y comprar lo que no sé si necesito, pero quiero”. Y bueno, si de centros comerciales se trata, aquí otra parte (tan ad hoc) de la letra:

“En la radio hay un aviso que me pide que le pida plata a un banco.
Y, bueno, quizás un préstamo no viene mal;
justo estaba yendo al mall para ver qué puedo comprar”.

Estimado lector, seguramente se pregunta por qué cito a un grupo de rock en medio de una reflexión psicológica. Aquí mi respuesta: soy un convencido de que las producciones artísticas y la sabiduría popular -en su forma de refranes- son una gran fuente para entender al ser humano. No en vano autores como Freud y Lacan nos remiten a ellos para exponer sus postulados. Grandes obras como Hamlet, Fausto, y Crimen y castigo describen los grandes conflictos de la humanidad. Por otra parte, el refrán “de broma en broma, la verdad se asoma” bien podría resumir el texto “El chiste y su relación con lo inconsciente”.

¿Aún tiene dudas? A continuación, la Rima LX de Gustavo Adolfo Bécquer. Notará usted que este poeta español del siglo XIX describió con precisión el pesar y la frustración que muchos experimentan hoy en este mundo que rinde tributo al éxito y el desempeño excelente:

“Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja”.

Menos noticias, más poesía

En febrero de 2012, la Organización de Consumidores y Usuarios de España (OCU) publicó un estudio sobre la depresión y la ansiedad, cuadros que -según cifras de la Organización Mundial de la Salud- afectan a más de 500 millones de personas. La rotunda conclusión de aquel trabajo fue: más psicoterapia, menos pastillas.

Me permito darle vuelta a esta idea y hacer una sugerencia para estos tiempos de pandemia, querido lector: desatienda un poco las noticias y acérquese a la literatura y a la música. Si lo hace, encontrará en Vallejo una manera de ver el mundo diferente: “Hoy me gusta la vida mucho menos, / pero siempre me gusta vivir: ya lo decía” (Poemas humanos).

Sí, es cierto: hay días difíciles. Los que nos toca afrontar ahora lo son más, qué duda cabe. Y puede que nos cueste dar batalla a la ansiedad, a la frustración o al mal humor. Sin embargo, nunca debemos renunciar a la vida. Así lo canta Miguel Ángel Peralta, más conocido como Miguel Abuelo: “más allá de toda pena, siento que la vida es buena” (Lunes por la madrugada). Una vez más, el buen rock viene a reconfortarnos.

Redes que vinculen, no que atrapen

Obviamente, la música y la literatura no siempre alcanzarán para acompañarnos. Como seres sociales, necesitamos contactar con otros. Por ello, me permito otra recomendación: use las redes sociales para comunicarse con las personas significativas para usted.

No se quede atrapado entre tantas fake news y cifras de muertes y contagios. Use WhatsApp, Zoom, Messenger, Google Meet o la aplicación que prefiera para hablar con sus amigos y familiares. Y es que, como dice el refrán, “una pena entre dos es menos atroz”.

La palabra tiene un enorme poder; tanto así que constituye la herramienta fundamental de los psicoterapeutas. A fin de cuentas (como bien lo definió Anna O., célebre paciente de Freud), la psicoterapia resulta serla cura por el habla.

La vida, ese gerundio

Para terminar, permítame compartir con usted dos hallazgos importantes en mi práctica como psicoterapeuta. Quizás le ayuden a enfrentar de mejor manera aquello que muchos llaman “la nueva normalidad”.

Primero: la vida es un gerundio. Gramaticalmente, el gerundio enuncia una acción en curso. En tal sentido, podemos decir que la vida se trata de seguir haciendo, aprendiendo, mejorando, creciendo. En otras palabras, se trata de seguir realizándonos día a día.

Segundo: la vida se trata de estar bien “a pesar de”. Por ejemplo, hoy debemos seguir estando bien, a pesar de las contingencias propias de esta pandemia que nos toca enfrentar. Mañana nos tocará seguir estando bien, a pesar de lo difícil que será volver a nuestras actividades habituales. Y así sucesivamente.

Concluyo con la esperanza de que estas líneas le hagan sentido y le ayuden a enfocar las cosas desde una perspectiva diferente. Si llegó hasta aquí, muchas gracias por su atención.




Sobre el autor
-  Psicólogo clínico y terapeuta psicoanalítico con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional.
-  Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos de trabajo.





martes, 23 de junio de 2020

Precariedad laboral y social: Un atentado a la dignidad humana


Foto: Andina



Diana Mestanza / Indira Medrano




El 22 de junio de 2017, un incendio en la zona comercial conocida como “Las Malvinas” causó la muerte de Jovi Herrera Alania (21) y Jorge Huamán Villalobos (19). Ellos, al igual que otras personas, “laboraban” en jornadas de 12 horas encerrados bajo llave en un espacio con pobre iluminación y ventilación, sin acceso a sanitarios, con una breve pausa para almorzar y una remuneración diaria que promediaba los S/ 20. Por este motivo, los dueños de la galería fueron condenados con penas mayores a 30 años por los delitos de violación de la libertad personal y trata de personas agravada con fines de explotación laboral y esclavitud. A partir de esta noticia, reflexionaremos acerca del concepto de dignidad humana.

Al definir el concepto de persona, muchos autores enfatizan el valor de la intimidad y el derecho a la libre expresión. Al estar confinados, ambas facultades se vieron afectadas y con ello su reconocimiento pleno como individuos. La angustia de saber que morirían atrapados se agravó dada la imposibilidad de despedirse dignamente de sus familias, pues apenas lograron hacerlo vía telefónica.

Lamentablemente, la informalidad se ha arraigado en nuestra sociedad desde hace más de 40 años, y esta implica una fuerte tendencia a eliminar plenamente la noción de dignidad. Como consecuencia, muchas personas actúan con absoluta falta de ética e instrumentalizan a otros, sirviéndose de ellos y desconociendo su condición de seres libres. Este es el caso de la noticia aquí reseñada: una violación a los derechos fundamentales de las personas.

Las condiciones infrahumanas en las cuales trabajaban Jovi y Jorge demuestran la escasa preocupación que tenían sus empleadores por ellos, pues al instrumentalizarlos y exponerlos al peligro vulneraron su dignidad. Cabe enfatizar que no puede atribuirse un valor positivo al resultado del trabajo sin tomar en consideración las repercusiones que traen consigo las acciones del empleador sobre el empleado y, de la misma forma, la afectación física y psicológica que dicho trabajo genera en los empleados.

El tipo penal cometido (esclavitud y otras formas de explotación) se halla descrito en el Decreto Legislativo Nº 1323. Las pruebas presentadas al juzgado comprobaron el delito y, demostrando que cada acción que realiza el hombre tendrá una repercusión sobre sí mismo y sobre los demás, los dueños de la galería fueron condenados por usar a estos jóvenes como instrumentos para obtener beneficio propio. De este modo desconocieron la condición humana de estos jóvenes, omitiendo su libertad de elección.

Voces críticas señalarán que los jóvenes eligieron libremente laborar en esas condiciones; otros cuestionarán que ellos aceptaron ser contratados para participar en la falsificación de productos. No obstante, resulta innegable que -tanto para Jorge y como para Jovi- renunciar a ese precario trabajo significaba privarse de un medio para subsistir y proveer a sus familias.

El nivel de desprendimiento a la vergüenza ante la necesidad nos lleva a reflexionar hasta qué punto el ser humano puede soportar condiciones que afecten su bienestar con tal de asegurar recursos económicos para satisfacer sus necesidades básicas.

Visto en perspectiva, podemos decir que tanto Jorge como Jovi optaron por cumplir la premisa de lograr todos los bienes de los cuales eran capaces en medio de la ambigüedad referida a los medios que optaron para ejercer dicha libertad. Dado que no es objeto de este trabajo analizar su conducta, enfatizamos que nada justifica que su condición de personas haya sido anulada, pues los derechos humanos alcanzan a todos los individuos.

Dado que, de un modo u otro, todas las acciones individuales repercuten sobre la comunidad, cada uno de nuestros actos es una oportunidad para mejorar la dinámica social. Todos podemos sumar al cambio. Más aún, el carácter teleológico de la responsabilidad de los profesionales de la salud psicológica implica fomentar cambios hacia un modo de actuar que, en tanto ético, resulte plenamente humano.



Sobre las autoras

Diana Mestanza
Licenciada en Psicología con especialización en promoción del alto rendimiento deportivo

Indira Medrano
Licenciada en Psicología y psicoterapeuta con enfoque de género

sábado, 6 de junio de 2020

LAS VUELTAS DEL MUNDO EN (MÁS DE) 80 DÍAS



Fabián Vinces Salazar

Los últimos días han traído noticias de toda índole tanto a nivel nacional como mundial: la solicitud de excarcelación (vía habeas corpus) de Abimael Guzmán, el asesinato de George Floyd, la reaparición pública de Anonymus y extrañas contrataciones en el Ministerio de Cultura. Todo ello en el ámbito de lo negativo.

Sin embargo, en un intento de aportar a la salud psicológica, me centraré en reflexionar acerca de una noticia que -afortunadamente- ha tenido mucha repercusión en medios de comunicación y redes sociales.

Se trata del proceder ético de Luis Barsallo Montalvo, pequeño empresario del Callao que ha optado por comercializar oxígeno respetando el precio que este tenía antes de la emergencia sanitaria. Además, lo hace bajo un criterio salomónico que le permite proveer a un mayor número de personas. Su conducta, encomiable a todas luces, revela una actitud frente a la vida que él mismo resume así: “cada uno es responsable de sus actos”.

La verdad nos hará libres

Como sabemos, responsabilidad y libertad son conceptos que se hallan estrechamente ligados. Entonces, cabe preguntar qué significa ser libre. Para responder esta interrogante, recurriré a una máxima de la tradición cristiana que sugiere “estar en el mundo sin ser del mundo”.

Desde la perspectiva psicoanalítica, aquello de estar en el mundo se traduce como insertarse en cultura a través de dos operaciones fundamentales: aprehender las convenciones de la comunicación y generar vínculos interpersonales. En esa lógica, ser libre implica constituirse como sujeto; esto es, hacerse de un lugar en el entramado social, pero sin someterse a los discursos que en él proliferan. No ser del mundo se trata, entonces, de rescatar la subjetividad frente a los imperativos que buscan estandarizar.

Por otra parte, advenir sujeto conlleva también la renuncia a la omnipotencia. Reconocer la imposibilidad de satisfacer a plenitud los impulsos nos ancla en el principio de realidad. No aceptar esta lógica nos convertiría en temerarios Ícaros volando cada vez más cerca del sol, con el consiguiente riesgo de una estrepitosa caída.

La libertad, más que un destino, es un acontecimiento que se actualiza constantemente. Cada día enfrentamos decisiones (mayores o menores) en las cuales actuar con responsabilidad. La decisión comercial del Sr. Barsallo evidenciaría que -contrario a lo que muchos piensan- el mercado no es el problema sino el actuar irresponsable de quienes, con poca noción de bien común, distorsionan la premisa de oferta y demanda y hacen de la especulación una norma tácita.

El mundo no está en llamas; nosotros lo incendiamos con nuestras acciones u omisiones. Esta es una verdad que nos librará de esperar que sean otros quienes resuelvan problemas en los cuales seguramente podemos aportar y así dejar de ser meros espectadores pasivos en la historia.

FOTO: AFP

La otra cara de la moneda: exclusión y violencia

Contrario a lo ocurrido en el Callao, la muerte de George Floyd y la figura de Abimael Guzmán nos recuerdan que la vida civilizada es aún un proyecto en construcción que se ve severamente afectado por el componente tanático de la naturaleza humana.

El 25 de mayo, en Minneapolis (Minnesota, EE.UU), George Floyd murió asfixiado luego de ser intervenido por un policía de la localidad. En esta historia, el racismo parece estar presente desde el inicio. Floyd acudió a un almacén del cual era cliente frecuente con la intención de comprar cigarrillos. Pagó con un billete de US$ 20, el cual -a decir del vendedor- era falso. Siguiendo el protocolo previsto, el dependiente reportó el hecho a la estación policial. La situación pudo concluir con el registro del incidente en la comisaría. No obstante, el primer agente que le interviene lo hace apuntándole con su arma reglamentaria. Luego de casi 30 minutos, otro oficial sometió al hombre afroamericano asfixiándolo hasta causarle la muerte. Esta acción nada tiene que ver con el principio de legítimo uso de la fuerza. En este caso, el racismo -en tanto operación que anula al otro como sujeto- habría sido el detonante de un desborde omnipotente sádico por parte del agente ahora detenido y acusado de homicidio.

Similar dinámica irracional se produjo en los eventos que sentaron el acta de nacimiento del terrorismo en el Perú. El 17 de mayo de 1980, en Chuschi (Ayacucho), Sendero Luminoso atacó la localidad para quemar las ánforas provistas para realizar los comicios que devolverían al Perú a la democracia luego de 12 años de dictadura militar. Este acto representa el ataque a la expresión de la voluntad popular. Dicho atentado perpetrado por los subordinados de Abimael Guzmán mostró su afán de imponerse mediante la violencia, desconociendo la libertad de los peruanos. Los asesinatos selectivos y los secuestros en las denominadas “cárceles del pueblo” del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) califican también como una violación de los derechos individuales y la soberanía nacional. En ambos casos, se trata de terrorismo puro y duro; de ninguna manera puede hablarse de lucha armada al referirse a ambos movimientos.

La libertad a nivel social se llama democracia y estado de derecho. El contrato social supone que la ley se aplique para todos, incluyendo a quienes la ejercen. Por ello, se proscribe todo abuso de autoridad del mismo modo que se sancionan los actos subversivos. La brutalidad policial es tan repudiable como el terrorismo, en tanto ambos atentan contra las libertades civiles.

Ganar en eternidad

Es probable que, como ya ha ocurrido antes, el olvido cubra los eventos negativos aquí reseñados. Lamentablemente, ello significará repetir escenas como las registradas en Minnesota y hallar personas que romanticen la violencia terrorista denominándola “lucha popular”. Es nuestra responsabilidad preservar la memoria y fomentar un cambio desde lo inmediato. Somos todos responsables de luchar contra el autoritarismo y el totalitarismo. Solo así nos haremos libres.

También tenemos la responsabilidad de replicar actos nobles como el de Luis Barsallo, pues es así como se trasciende: generando un efecto positivo en los demás. En tanto su ejemplo se traduzca en enseñanza, habrá posibilidad de transformar el mundo en un espacio de inclusión y encuentro.

A modo de conclusión, debemos enfatizar que nos corresponde promover el bien común, sin afanes de vanidad. Así, parafraseando “La copla” de Manuel Machado, debemos procurar que nuestros buenos actos vayan al pueblo a parar, “que, al fundir el corazón en el alma popular, / lo que se pierde de nombre, se gana de eternidad”.



Sobre el autor
-  Psicólogo clínico y terapeuta psicoanalítico con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional.
-  Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos de trabajo.






miércoles, 27 de mayo de 2020

Detalles sobre la enseñanza de la educación inicial a distancia


  •      Es posible que los niños de educación inicial aprendan a través de la modalidad a distancia, pero tiene su propia dinámica.
  •      Estamos en un mundo digital y este problema de salud es la oportunidad para aprender y confiar en el uso  de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs).



El país afronta una situación compleja de salud púbica a causa del COVID-19, lo cual ha afectado el desarrollo del año escolar. Estamos en un mundo digital y este problema de salud es la oportunidad para aprender y confiar en el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) e identificar cuáles son los aprendizajes claves para la educación integral que favorezca el desarrollo físico, mental y social, señaló Liliana Muñoz, vicedecana de la Facultad de Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH).


Comentó que, si los profesores se limitan a trasladar las actividades para la modalidad presencial sin ningún tipo de adecuación y adaptación, esto no resultará. En ese sentido, en el marco del Día de la Educación Inicial que se conmemora cada 25 de mayo, la vicedecana de la Facultad de Educación de la UPCH, señala algunos detalles y recomendaciones sobre la enseñanza de niños de educación inicial a distancia:

1.       Es posible que los niños aprendan a través de esta modalidad, pero debe quedar claro que tiene su propia dinámica. La discusión no debe centrarse en la cantidad de tiempo que los niños estén frente a una pantalla, sino prestar atención a los contenidos y actividades de las experiencias digitales que se generen.

2.       El docente debe rediseñar el programa con actividades que genere oportunidades de aprendizaje centrado en el estudiante y apropiado a su desarrollo, necesidades e interés. Esto quiere decir que se prevea actividades que atienda la diversidad del grupo. No todos tienen que estar haciendo lo mismo.

3.       Promover el involucramiento de las familias y brindar orientación para que faciliten entornos estables, que comprendan el desarrollo de los niños, que sean sensibles a sus requerimientos y que los acompañen de manera cariñosa y oportuna.

4.       Coordinar con los padres cual será el mejor horario para facilitar que los estudiantes se conecten entre sí, compartan sus experiencias e interactúen con los docentes. Este debe realizarse por pequeños grupos para lograr el máximo beneficio y no necesariamente todos los días el mismo grupo. Otro momento de comunicación es a nivel de los padres para dialogar acerca de los sentimientos, expectativas, necesidades e intereses de los estudiantes.

5.       Es importante ofrecer un buen modelo de uso de la tecnología, para ello se debe establecer con los padres y los estudiantes normas para el uso moderado, responsable y respetuoso de las TICs.

Liliana Muñoz resaltó que el mundo de hoy necesita de personas autónomas, capaces de resolver problemas ante situaciones de incertidumbre, este es el momento para involucrar a los estudiantes en actividades cotidianas que le permitan manipular, experimentar, investigar y aprender.

Cabe precisar que en el marco del Día de la Educación Inicial se resalta la labor de los profesores, así como a todas las personas y autoridades involucradas que impulsan esta enseñanza en el país y su razón de ser: los niños. A diferencia de años anteriores, la forma presencial de celebrar la fecha con actuaciones, desfiles y actividades diversas no ha sido posible por el estado de emergencia del COVID-19. En este contexto, las TICs juegan un rol esencial para la teleeducación, una realidad en la que muchos niños, profesores y padres han tenido que adaptarse.