jueves, 30 de abril de 2020

LOS PRESOS Y EL ELEFANTE

                                          Foto: Associated Press


Fabián Vinces Salazar

En medio del estado de emergencia por COVID-19, en los últimos días se ha generado una intensa polémica por la situación de los penales en nuestro país.

De un lado están quienes sostienen la universalidad de los derechos humanos, haciendo énfasis en la vida y la salud de los reos. Al frente, otros arguyen que estos deben asumir el peso de la ley y seguir cumpliendo su condena.

Propongo un análisis amplio y profundo de la situación.

Cultura, ley y gobierno

Las leyes son los soportes de la civilización, esa forma de organización en la cual el individuo renuncia a sus pulsiones primarias para buscar el bien común. En ese sentido, hallaremos que para Adam Smith la benevolencia se corresponde con la justicia, pues esta se trata -principalmente- de evitarle daño o malestar al otro.

La cultura, a decir de Sigmund Freud, se funda a partir de la seguridad en el orden jurídico. Para que este resulte en un estado civil justo, las leyes deben dictarse por toda la nación y, asimismo, ser aplicada a todos los ciudadanos. Esto, evidentemente, abarca derechos y deberes. Dura lex, sed lex.

Tal como propone Rousseau, el gobierno del derecho implica la renuncia de las pasiones al momento de dictar y hacer cumplir las leyes. Por su parte, el psicoanálisis señala que -para lograr la función simbólica de restablecer la noción de ley- la condena no debe ser ejercida como un castigo sádico por los agentes de la ley.

Cuando la ley se ejerce con afán sádico, esta deja de responder a su fin de sancionar el delito y se desvirtúa, castigando a la persona. Para muestra, un botón: el caso del así llamado “Monstruo de Armendariz”. En 1957, la justicia peruana condenó a muerte a un hombre acusado de matar a un niño de 3 años. Años después, investigaciones forenses comprobaron que el condenado no era culpable.




¿Abrimos la cárcel?

Un sistema judicial ineficiente y percibido como muy corrupto ha llevado al colapso de los centros penitenciarios. Según datos provistos por el propio INPE, la sobrepoblación en las cárceles es de 138%. Además, cerca del 40% de internos se hallan en condición de procesados, es decir, están privados de su libertad sin una sentencia firme.

Dado que la emergencia nacional por COVID-19 pone en riesgo a todos en el país, corresponde salvaguardar también la salud y la vida de los reos. Ese modo de ejercer la ley asegurará al país el estatus de democrático, civilizado y justo. El desacato o manipulación de la legalidad transformaría al estado en una dictadura. Avalar o demandar dicha posibilidad significa renunciar a la soberanía como nación.

Es evidente que quienes fueron correctamente juzgados, deben cumplir su sentencia. También es cierto que, en tanto la constitución lo avala, pueden darse las figuras de indulto o conmutación de penas por carácter humanitario.

En un claro ejercicio de sensatez, el presidente ha precisado que no serán beneficiarios del excarcelamiento quienes hayan cometido delitos de corrupción, violación o feminicidio (y muy probablemente, otros delitos tipificados como graves). Quizás no fue tan sensato cuando desatendió la situación de los penales al inicio de esta emergencia sanitaria. De ello tendrá que hacerse responsable.

Como ciudadanos comprometidos con el crecimiento de nuestro país, nos corresponde vigilar a los poderes del estado en el manejo de la crisis en los penales, sabiendo que este es uno de los tantos pasos por andar en el camino hacia la transformación del inmenso y paquidérmico aparato estatal.


Sobre el autor
-     Psicólogo clínico y terapeuta psicoanalítico con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional.
-     Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos de trabajo.



sábado, 25 de abril de 2020

VASOS LLENOS, INDIVIDUOS VACÍOS

                                                        Foto: Cutivalú. 


Fabián Vinces Salazar

25 de abril de 2020. Día 41 de aislamiento social obligatorio en Perú. Como muchos, ingreso a Facebook para matizar la tarde de sábado. En las actualizaciones, aparece una noticia de mi natal Piura.

Primero incrédulo y luego indignado, leo sobre largas filas de personas esperando para comprar cerveza. El vídeo de la nota evidencia lo inverosímil.

Trasgredir la norma por comprar bebidas alcohólicas es un acto tan egoísta como irracional. Exponerse al contagio es arrastrar en esa posibilidad a la familia y a toda la comunidad. Es imponer el deseo propio sobre el bien común.

Resulta inevitable pensar en Freud y su concepto de pulsión de muerte. Esta destruye, separa, divide. Se dirige hacia el entorno, hacia los demás y también se vuelca sobre el individuo. Lo sucedido hoy en Piura bien podría calificarse como pulsión de muerte pura y dura.

Mirando más allá del evento como tal, cabe señalar que consumir bebidas alcohólicas de forma compulsiva da cuenta de un vacío interior que busca llenarse de forma (muy) primaria. Ello revela precariedad en la constitución psicológica de los individuos.

Hacer del consumo de bebidas alcohólicas algo “prioritario” resulta sinónimo de una personalidad si no patológica, muy próxima a serlo, que requiere apoyo profesional. Prevenir el desarrollo de patologías de vacío implica como ejes principales: desarrollar vínculos suficientemente buenos, fortalecer la seguridad emocional y generar noción de responsabilidad.

Lo favorable es hacerlo a temprana edad. Sin embargo, bajo la noción de acto reparativo, esto se puede atender en cualquier momento de la vida, a través del trabajo de psicólogos, psicoterapeutas y psiquiatras.

Esto último resalta una vez más que la salud mental precisa un lugar importante dentro del sistema sanitario, pero también compromete a todos a cuidar la salud emocional propia y de su entorno acercándose a los diferentes servicios de atención ya disponibles.

Desatender la salud mental llevaría a la repetición de hechos como el acontecido hoy que retrasan aún más el desarrollo social de la cuna del peruano del milenio.


Sobre el autor
-     Psicólogo clínico y terapeuta psicoanalítico con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional.
-     Capacitador en temáticas de salud mental y facilitador de talleres de desarrollo de personas y equipos de trabajo.