viernes, 27 de agosto de 2021

LO QUE CALLAMOS LOS HISPANOHABLANTES

 


Fabian Vinces Salazar

 

“Hablando se entiende la gente” es una expresión popular que resume una verdad simple y profunda. Entenderse es una forma de encontrarse y, como todos sabemos, el encuentro es la base de todo vínculo. Los vínculos, por su parte, son el tejido fundamental de la cultura, ese artificio que hace 70 mil años supuso un cambio significativo en la evolución humana.

 

No obstante, a 200 años de la proclama de la independencia, aún seguimos bregando por reconocernos y vincularnos todos como ciudadanos de este país llamado Perú, el cual requiere que pongamos cada vez más énfasis en la “u” de la unión.

 

Lost in translation

 

Ayer, cumpliendo el mandato constitucional, Guido Bellido se presentó ante el Congreso de la República para solicitar el voto de confianza para el controversial gabinete ministerial que él encabeza. Este procedimiento formal -que de por sí ya pintaba color de hormiga- inició con un momento de desencuentro lingüístico: el Premier empleó el quechua para iniciar su discurso, razón por la cual su saludo solo pudo ser entendido por quienes conocen el idioma.

 

De más está decir que el golpe de efecto causado es una metáfora de la exclusión que sienten muchos compatriotas. Ahora bien, en vez de propiciar la toma de conciencia respecto a la exclusión, el acto fue interpretado como provocador y ni qué decir del momento en que Bellido empezó a chacchar hoja de coca en pleno hemiciclo. Todo esto caldeó los ánimos entre los congresistas de la oposición, muchos de los cuales tienen bien merecido los calificativos de termocéfalos e intolerantes.

 

Independientemente del resultado final de la votación para otorgar la confianza a los ministros, lo cierto es que se perdió una valiosa oportunidad para hacer del diálogo una vía para facilitar el acercamiento y el entendimiento entre dos poderes del Estado enfrascados en una pugna que nada bueno aporta a la situación social y política del país.

 

Dejando de lado lo anecdótico y farsesco de lo acontecido en el Congreso, cabe preguntar cuál es el mensaje al que debemos prestar atención para lograr entendernos como peruanos. Aquí una idea.

 

Habla, peruano

 

Julio Hevia fue un psicoanalista que prestó particular atención al habla de los peruanos. Así, encontró que muchas de nuestras expresiones y jergas hacen referencia a comidas o alimentos, lo cual -decía- daría cuenta de una necesidad primaria no atendida; específicamente, la necesidad nutricia.

 

En psicoanálisis, para decirlo de forma breve y sencilla, la función nutricia se traduce como provisión de afecto, soporte y reconocimiento. La ecuación resulta así: al ser amados, nos sabemos valiosos. Y he allí quizás el conflicto que nos separa y enfrenta como peruanos.

 

Cuesta reconocernos unos a otros como valiosos y, más bien, nos enfrascamos en resaltar nuestro valor frente al otro. Y esto ocurre en todas las direcciones, pues quienes -según el decir de Alan García- son “ciudadanos de segunda clase” para el actual ministro de cultura, Ciro Gálvez, son “peruanos originarios (separados de los hispano-peruanos)”.

 

En uno y otro caso, se aplica una taxonomía que excluye y fragmenta. Y si la unión hace la fuerza, entonces bien podríamos concluir que la división debilita y nos impide crecer como nación.

 

Vinculadas la costa, la sierra y la selva

 

En una canción que habla de amores no correspondidos, Kevin Johansen pregunta: “¿quieres que te diga lo que quieres escuchar o vas a escuchar lo que te quiero decir?”. Traído a la coyuntura actual, podemos señalar que aún hay quienes no quieren enterarse de aquello que los compatriotas menos favorecidos vienen reclamando desde hace tiempo: pleno reconocimiento como conciudadanos.

 

Frente a ello, desde nuestro compromiso individual, corresponde decir “esta boca es mía” y promover el reconocimiento de todos nuestros compatriotas. De lo contrario, todo lo que callamos y dejamos de hacer se convierte en otra oportunidad perdida para sumar y crecer.

 

Por otra parte, toca también hacerle saber a los gobernantes que, a diferencia de sus discursos vacuos impregnados de alusiones al “pueblo”, lo que se requiere son acciones que permitan consolidarnos como nación, esa forma de vínculo en la cual todos tenemos la ciudadanía asegurada y reconocida, sea cual sea el idioma que hablemos e independientemente de si vivimos en el centro, el norte o el sur.

 

La premisa por sostener es: menos demagogia y más lazo social. Tan imperativo como recordar que hablando se entiende la gente.

 

 

Sobre el autor

-  Psicólogo clínico y psicoterapeuta psicoanalítico con estudios de maestría en psicología clínica y de la salud.

-  Cuenta con más de 15 años de experiencia clínica en el ámbito privado e institucional; además, es capacitador en temáticas de salud psicológica.